Pasan las semanas y el inevitable acuerdo con Vox se cuece a fuego lento. Moreno no tiene prisa: la ley andaluza está de su lado y la comunidad puede llegar a septiembre sin Gobierno. Durante el verano es habitual que se aprueben medidas impopulares, puesto que la ciudadanía está a otras cosas: quien puede, escapa del calor en la playa; y quien no puede, lo sufre en su casa. Sea como sea, en ninguno de estos casos la política es una prioridad, y el ambiente “vacacional” se pone de parte del político de turno.
Pactar con Vox sin quitarse el traje de “moderado”
En este contexto, no es difícil prever que Moreno Bonilla vaya a utilizar los meses estivales para encarar la impopular tarea de pactar con Vox. Su posición no es sencilla: mientras que otros sectores del PP se han escorado a la derecha para disputar este caladero de votos a los de Abascal, el andaluz ha preferido mirar al centro todos estos años, ganándose la fama de moderado y apelativo irónico de ‘suavón’.
En estos últimos ocho años la relación PP-Vox en Andalucía ha pasado por dos etapas. En la primera, los populares necesitaban a la ultraderecha para aprobar medidas. En aquella ocasión, la ultraderecha no pidió entrar en Gobierno, pues quería mantener un tiempo más su perfil de outsider. Moreno Bonilla se sentó con ellos para aprobar leyes y presupuestos sin problema, al tiempo que marcaba distancia con la oratoria desde la tribuna.
”El error de la gestión del cáncer de mama movilizó al electorado rival lo suficiente para impedir la mayoría absoluta del PP
Su segunda etapa, a partir de la victoria arrolladora de 2022, fue mucho más sencilla. Mientras que Vox crecía en todo el territorio nacional, el líder del PP andaluz lograba la mayoría absoluta que le permitió gobernar holgadamente, repartiendo a izquierda y derecha. Paralelamente, Ayuso y Feijóo escoraban al Partido Popular a la derecha, pero Moreno sostuvo su perfil moderado, huyendo de la retórica ultra y aplicando su programa liberal casi sin oposición.
El pasado 17 de mayo, podría haber reeditado la mayoría absoluta si no llega a ser por la crisis de los cribados. Aunque este problema de gestión sanitaria (al menos, 2.000 mujeres sin una prueba para un diagnóstico de posible cáncer de mama) no acabó con su gobierno, sí movilizó al electorado rival lo suficiente como para obligarlo depender de Vox para seguir el frente de San Telmo.
¿Cómo está gestionando el PP sus pactos con Vox?
Para leer el futuro en Andalucía podemos asomarnos a lo que ya está pasando en las comunidades donde el PP ha ganado por la mínima en este intenso ciclo electoral.
Extremadura
El PP reedita su gobierno con Vox. La ultraderecha se queda con la vicepresidencia (algo a lo que aspira Manuel Gavira, el líder andaluz de Vox) y dos consejerías, que nos dejan ver por dónde irá la agenda de Vox en estos años. Allí se han quedado con Desregulación, Servicios Sociales y Familia, una consejería con competencias en servicios sociales, infancia, juventud y cooperación internacional y con Agricultura, Ganadería y Medio Rural.
La ultraderecha no esconde sus intenciones. Por un lado, quiere marcar agenda conservadora con políticas en materia de familia e infancia, donde denuncia cuestiones como las políticas LGTBIQ+ y defiende la “tradición”. Por otro, el campo vuelve a ser terreno de batalla política. Vox se arremanga y gestiona una consejería marcada por los fondos europeos de la PAC y los continuos conflictos de las importaciones extranjeras.
Castilla y León
Aunque no hay aún acuerdo, el PP ha anunciado que están cerca de lograrlo. Garantizan el reparto de consejerías y llevan desde el 15 de marzo en negociaciones, lo cual da fe de lo mucho que puede alargarse este proceso.
Ambos partidos estuvieron esperando a que concluyan los comicios andaluces para que el pacto en Castilla y León no influyera negativamente en la campaña que se estaba librando en Andalucía, por lo que pronto veremos cómo se materializa el pacto.
Aragón
Otra comunidad donde PP y Vox reeditan su acuerdo. En este caso Vox, además de la vicepresidencia, se lleva tres consejerías, una más que en Extremadura. En la práctica, las competencias son las mismas: desregulación y familia, medio ambiente y turismo, y ganadería y pesca.
Vox repite estrategia: se centra en la pelea ideológica de la familia, la desregularización de migrantes (frente a la propuesta del PSOE de regularizar la situación de miles de personas extranjeras) y la ofensiva en el campo.
¿Va a ceder Moreno Bonilla estas competencias?
En Andalucía, el campo ocupa un lugar predominante en la agenda política y social. Está por ver que Moreno Bonilla ceda este bastión a la ultraderecha, puesto que en estas actividades comerciales se encuentra una parte importante tanto del PIB andaluz como de los puestos de trabajo.
La población migrante cuenta en Andalucía, también, con un peso específico. Puerta de entrada desde el continente africano, históricamente en Andalucía se han mezclado las culturas y los orígenes de la ciudadanía. No parece que este sea motivo de conflicto social, pero indudablemente Vox va a querer competencias en este tema para agitar sus proclamas y la tan repetida “prioridad nacional”.
Vox puede vender cara su piel. No es de extrañar que estuvieran exultantes en la noche electoral, pese al estancamiento en su crecimiento y el no cumplir con las expectativas. Que el PP les necesite para gobernar va a determinarlo todo, y los de Manuel Gavira lo saben.






