Un disclaimer antes de meterme en el fregao: Es fácil hablar a toro pasado. No voy a hacer una columna del "os lo dije", básicamente porque dije poco y deseé mucho, pero sí he estado calladita y atenta, y creo que podemos aprender unas cuantas cosas de la campaña de Adelante.
Lo primero: ¿Qué significan realmente estos resultados? Creo que no debemos leerlos solo como un éxito para Adelante Andalucía, sino como una brecha por la que puede filtrarse toda la izquierda. Lo interesante de esta campaña no son únicamente los ocho escaños. Lo interesante es que una parte de la izquierda parece haber recuperado una forma de hablar que llega más allá del núcleo militante habitual.
La izquierda lleva unos años chocándose contra una pared: el mensaje no llega, se repetía. Parecía imposible conseguir votos más allá de los convencidos de siempre. "No estamos sabiendo comunicar", se decía constantemente. Bueno, parece que algo se ha aprendido.
Adelante Andalucía ha pasado de dos escaños a ocho. Poco, si miramos el bosque, sí, pero una revolución de arbolitos pequeños. La clave no está en el resultado concreto, sino en la sensación de que quizá se ha encontrado una grieta para llegar un poquito más allá.
El reto de sustituir a Teresa Rodríguez
Aunque toda candidatura y todo trabajo político son siempre un trabajo colectivo, la cara visible importa, y el candidato de Adelante ha sido un acierto enorme. Y eso que tenía un marrón importante sustituyendo a Teresa Rodríguez, una líder con muchísimo carisma, enorme tirón mediático y una gran capacidad para conectar con la gente. José Ignacio no solo ha estado a la altura, creo que ha conseguido ampliar el espacio.
El hate que despertaba Teresa Rodríguez venía claramente atravesado por su condición de mujer joven, combativa, feminista, andaluza y con acento.
Teresa levantaba pasiones, para lo bueno y para lo malo, y aquí creo que la cuestión de género tiene bastante peso. El hate que despertaba en tertulianos y en el ecosistema digital venía claramente atravesado por su condición de mujer joven, combativa, feminista, andaluza y con acento. Vamos, para bingo. Esto la obligaba a veces a posicionarse a la defensiva, y hacía que se la percibiera como una figura polémica o radical. José Ignacio, en cambio, no representaba una amenaza para los señoros. Venía con el privilegio de hombre cishetero de serie y, aunque mantenga posiciones muy similares a Teresa en muchos temas, él era leído como cercano o firme allí donde a ella se la percibía agresiva o excesiva.
El papel de la normalidad
Pero además hay otra cosa destacable: José Ignacio ha conseguido esquivar la imagen de una izquierda cargada de superioridad moral. Se ha mostrado como "uno más", alguien que está en el mismo barco que la gente normal. No ha echado ni una chapa en toda la campaña. Para ir de "gente normal" entra en juego algo fundamental: la honestidad en el papel que eliges representar en campaña.
Creo que para José Ignacio era importante no ir disfrazado. Ni en la ropa ni en el carácter. Y eso se nota. Cómodo con sus camisetas y la chaqueta como concesión, cómodo sin necesidad de dar mítines enfadándose con todo el mundo, cómodo siendo el colega buena gente.
En una época profundamente cínica con la política, parecer cómodo en tu propio papel comunica más que el argumentario perfecto.
Como soy una inocente de la vida, sigo creyendo que eso importa. Es difícil sostener algo que no eres. En muchos partidos eso es relevante: nadie espera que Moreno Bonilla diga lo que piensa. Pero a la izquierda se le exige no solo ser, sino también parecer. Y José Ignacio lo consigue. En una época profundamente cínica con la política, parecer cómodo en tu propio papel comunica más que el argumentario perfecto.
Evitar la campaña 'nube negra'
Otro acierto importante ha sido evitar la campaña 'nube negra'. Es decir, no intentar movilizar únicamente desde el apocalipsis que se nos viene encima. El panorama ya está lo suficientemente chungo como para que encima la izquierda solo sepa hacer sangre. Y, sinceramente, intentar movilizar exclusivamente desde el miedo a la ultraderecha lleva tiempo demostrando bastantes limitaciones.
Adelante ha hecho una campaña defendiendo la alegría y, mira, ha sido un alivio. La gente ya vive atravesada por la precariedad, el agotamiento y la sensación constante de derrota como para que la política solo ofrezca diagnósticos catastróficos. Necesitamos que alguien nos recuerde que, si seguimos luchando, todavía hay margen para la esperanza.
De Lakoff a "defender la alegría"
Y aquí tengo que hablar de Lakoff, cosa que siempre me hace feliz. Porque esto es, en gran medida, una cuestión de marcos discursivos. Durante años, buena parte de la izquierda ha comunicado desde el marco de la denuncia permanente: resistencia, sacrificio, aguantar el golpe. Adelante parece haber entendido algo básico: la gente no solo vota propuestas, la gente vota marcos emocionales en los que poder reconocerse.
Frente a una izquierda que muchas veces parece hablar únicamente desde el sufrimiento, Adelante ha conseguido introducir algo de alegría, de posibilidad y de esperanza sin rebajar ni un milímetro el contenido político de sus propuestas. Y eso importa, porque es mucho más fácil sumarse a un proyecto político que deja algún margen para el disfrute, incluso cuando en el panorama pintan bastos.
El tono amable no ha significado rebajar la crítica política. La sonrisa no ha hecho menos afilados los colmillos.
Este tono amable no ha significado rebajar la crítica política. La sonrisa no ha hecho menos afilados los colmillos. Ese "defender la alegría" conecta mucho más con tradiciones de los movimientos sociales, como el playful activism o incluso con cierto ciberfeminismo disfrutón: entender que la lucha política no excluye los afectos, el humor y una mijita de alegría de vivir.
La exposición mediática, clave
Por supuesto, nada de esto sirve demasiado sin conseguir visibilidad mediática. El hecho de que José Ignacio haya tenido presencia continuada en medios y fuese percibido como una opción política a tener en cuenta ha sido clave para que el voto a Adelante no se haya visto, como en otras ocasiones, como un voto que no serviría para nada. Hay una parte coyuntural en esto, claro: si en otras elecciones el PSOE era el voto útil, en esta ocasión quedada muy lejos de ser garantía de nada. Y ahí la exposición mediática ha sido decisiva porque construye posibilidad de victoria y ha liberado a muchas que se veían atadas al voto útil. "Vota lo que sientes".
Esta visibilidad es gracias a la estrategia del equipo de comunicación, sí, pero sobre todo hay muchísimo trabajo político detrás. Adelante ha sabido rentabilizar muy bien sus dos diputados para marcar agenda, y la ley de gafas gratuitas fue probablemente el gran ejemplo: una propuesta concreta, tangible y fácil de entender que consiguió situarlos en el mapa y mantenerlos ahí.
La ley de gafas gratuitas fue un gran ejemplo de cómo Adelante rentabilizó sus dos diputados para marcar agenda y ganar visibilidad.
No se trata de que Adelante Andalucía haya encontrado una fórmula mágica (que probablemente no exista). Pero sí parece haber encontrado algo que parte de la izquierda lleva un tiempito buscando: una manera de hablarle a la gente sin sonar derrotada, sin parecer enfadada con el mundo entero, sin llamar fascista a todo lo que se menea y sin colocarse moralmente por encima de nadie.
Por eso, probablemente, la frase más importante de la noche electoral no fueron los resultados, sino esa idea de que "esto no ha hecho más que empezar". Porque, por primera vez en bastante tiempo, no sonó a consigna, sonó a posibilidad.
Macarena Hernández es investigadora en memes, feminismos y cultura pop, y profesora en la Universidad de Cádiz.






