El PP de Juanma Moreno ha sido el partido más votado en estas elecciones andaluzas del 17M, pero José Ignacio García, líder de Adelante Andalucía, ha sido uno de los grandes ganadores. El jerezano logró más de 400.000 votos que se tradujeron en ocho escaños. Esto convierte a su formación en la única izquierda que sube (seis asientos más que en 2022) y en una de las protagonistas de la jornada, al arrebatarle la mayoría absoluta al Partido Popular. El andalucismo vuelve con fuerza al tablero político, conectando con una sociedad harta de las listas de espera en la sanidad pública y una situación de la vivienda insostenible.
La campaña de Adelante Andalucía ha llamado la atención dentro y fuera del territorio. García se ha reivindicado como una izquierda "fresca y alegre", en contraposición —sin mencionarlo— a las alternativas de su bloque: un PSOE desdibujado, con una candidata torpe y errática; y la receta de izquierdas tradicional y clásica de Antonio Maíllo.
El líder de Adelante copaba los ránkings de valoración en numerosas encuestas, si bien contaba con el hándicap de ser poco conocido. Tras una buena campaña, ha logrado alcanzar a un público nuevo con el que ha sabido conectar con muchas propuestas, una clara oposición a Moreno Bonilla y una notable diferenciación con el PSOE.
Adelante ha renovado el andalucismo y le ha quitado las bolas de alcanfor. La candidatura ha puesto de manifiesto los agravios comparativos que sufren los andaluces y andaluzas por el hecho de serlo y han movilizado a distintas generaciones denunciando el mal estado de la sanidad pública y la alarmante situación de la vivienda, entre otros temas.
El andalucismo manda
El andalucismo está de moda. Todos los partidos acabaron virando al verde de la bandera, pero García obtuvo ventaja por ser el primero en llegar ahí. Moreno Bonilla, que desde su entrada al gobierno ha tenido guiños verdiblancos, no se ha separado de Andalucía en su campaña. No le ha ido mal, ha logrado una victoria holgada con sabor agridulce, pues no logra la mayoría absoluta y tendrá que pactar con Vox.
Los demás partidos han ido mutando al verde con el paso de las semanas o los meses. Por Andalucía (la coalición de IU, Sumar y Podemos) cambió su logo arcoiris por una bandera andaluza. El PSOE usó el verde en sus carteles y propaganda electoral, renunciando al rojo clásico. Incluso Vox, que tanto rehúsan las autonomías y de las cuestiones territoriales, pusieron en el cartel el verde militar en la parte superior e inferior, dibujando una bandera andaluza donde Abascal compartía escenario con el poco conocido candidato Gavira. La bandera española, esta vez, quedó relegada a un pequeño detalle en la parte inferior. El andalucismo manda.
Los de Adelante Andalucía llevan defendiendo el carril propio desde su refundación en 2021. Ellos ya pagaron el peaje de las "peleítas de la izquierda" (así lo definía su candidato) y no han querido saber nada de sopas de siglas. Adelante presentó su proyecto, trabajó la oposición a Moreno Bonilla con solo dos escaños y ha visto sus esfuerzos recompensados. José Ignacio García heredó el liderazgo de un partido tras la popular Teresa Rodríguez y ha creado un estilo propio, aprovechando el terreno abonado por su compañera, en vez de tratar de imitarla.
1 + 1 = 1. La unidad no suma
Estas elecciones son un claro ejemplo de que las coaliciones no necesariamente se traducen en aumento de papeletas. Los votos no son de nadie más que de los votantes, y convertir la política en una calculadora no funciona. Antonio Maíllo, que basó gran parte de su campaña en la coalición lograda a última hora con Podemos, no ha rentabilizado esta unidad. Hacerlo no era fácil, puesto que los morados no obtuvieron buenos puestos de salida y la candidatura tenía que mejorar mucho las previsiones para que ellos obtuvieran algún escaño.
¿Cómo iban a movilizar al electorado de Podemos con una lista que, en la práctica, solo destacaba a candidatos de IU y Sumar? Por Andalucía presumió de unir a siete organizaciones distintas, pero lo cierto es que Izquierda Unida es quien capitaliza el grupo parlamentario que van a formar con los cinco puestos obtenidos.

Adelante Andalucía, por su parte, no quiso hablar nunca de confluencias. Querían hablar de las "preocupaciones del pueblo andaluz" y dejar atrás los enredos que, generalmente, acompañan a estas coaliciones. Hablar hacia dentro no suele ser buena receta, como hemos observado ya en experiencias pasadas.
En el mismo bloque de izquierdas tenemos un ejemplo muy claro. Cuando Podemos se presentó a las generales por primera vez, en 2015, obtuvieron cerca de 5,2 millones de votos, mientras que IU se quedó rozando el millón. Tras la repetición electoral en 2016, ambas formaciones (Iglesias y Garzón mediante) pactaron una coalición: Unidos Podemos se quedó en 5 millones, y más de un millón de votos se perdieron por el camino.
Cuando los partidos hablan mucho de ellos mismos, la ciudadanía siente que no están pensando en lo que los votantes necesitan. No conecta que un líder político esté más tiempo pensando en los que conforman sus listas en lugar de hablar de sus propuestas. Tampoco ayuda que, generalmente, estas formaciones mantengan luchas de poder (retransmitidas en prensa y redes sociales) durante los cuatro años de legislatura, por lo que la amistad que surge luego es bastante cuestionada.
José Ignacio García y su partido centran ahora todas las miradas. Con un par de asientos han logrado hacer una oposición firme a Moreno Bonilla. Ahora el reto es mayor, si cabe: con ocho escaños la ciudadanía espera más de ellos y tendrán que lograr aterrizar en las distintas comarcas andaluzas a su incipiente partido. Tendrán más recursos y más manos, pero también más exigencias.







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