Si por algo se caracteriza Datadista es por desarrollar investigaciones de profundidad, elaboradas a partir de un trabajo de documentación exhaustiva y minuciosa. Y, lo que es igual de importante, por saber traducir esas ingentes cantidades de información, legislación, sentencias y archivos de datos en relatos periodísticos y narrativas atractivas. Todo ello, además, sin perder de vista algo fundamental de la buena labor periodística: hablar con la gente, dar voz a sus historias, pisar el terreno.
“El ladrillo no ha aprendido la lección”
Cuando apenas acababa de cumplirse un año de la tragedia de la dana de Valencia, temporales y borrascas volvieron a azotar la Península, y las imágenes de inundaciones, riadas y rescates de Protección Civil nos volvieron a todos a la mente. Se habló mucho entonces sobre las edificaciones en terrenos inundables, se publicaron numerosos mapas interactivos sobre viviendas construidas en zonas de riesgo. Miramos atrás y nos echamos las manos a la cabeza al ver las barbaridades urbanísticas que se permitieron en otras épocas.
Podría parecer que hemos aprendido la lección, que nunca más se volverá a pensar siquiera en poner un ladrillo sobre una zona inundable. Pero entonces vemos noticias como que el Ayuntamiento de Sevilla presenta “uno de los desarrollos urbanísticos más ambiciosos de Europa y mayores que se han hecho en Andalucía”, y es imposible no echarse a temblar. Leemos, además, que dicho proyecto contempla la construcción de 24.000 viviendas sobre la Laguna del Sapo y un humedal único en Sevilla —que la plataforma ecologista SAVE pelea por proteger desde 2023—, y resurgen los peores fantasmas del ladrillazo.
[/vc_column_text]Y comprobamos que la conclusión que cierra Playa Burbuja es tan pesimista como certera: “España, donde se llegaron a iniciar 760.200 viviendas en un año cuando nunca se vendieron en un ejercicio más de 415.000 nuevas, celebra que las grúas han vuelto al horizonte. Superar en 2017 los 80 millones de visitantes extranjeros no ha servido para plantearse dónde está el límite sino para preguntarse cómo mantener el crecimiento (…). Este país se despierta del coma dispuesto a seguir creciendo a base de comer costa. No hay plan B. Nos vemos en la próxima”.
Este año hace una década desde que Ana Tudela y Antonio Delgado se montaron en su Triumph y comenzaron un viaje por el litoral mediterráneo para indagar sobre las cicatrices que los años del ladrillazo dejaron en las costas españolas. Pero acabó siendo mucho más que eso. Dos años más tarde y casi 15.000 kilómetros después, aquel viaje se materializó en Playa Burbuja. Un viaje al reino de los señores del ladrillo (Datadista, 2018).
Han pasado casi ocho años desde la publicación de esta investigación periodística, pero Playa Burbuja es para mí una de esas obras de referencia que no caducan y que conviene revisar de vez en cuando. Porque es, sobre todo, un riguroso ejercicio de memoria para comprender el cómo y el porqué de un pasado que llega hasta nuestros días.
Un Mar Menor que sigue recuperándose lentamente de la “sopa verde”; un Algarrobico ilegal que continúa en pie 20 años después; miles de pozos ilegales que drenan acuíferos; viviendas y paseos marítimos a pie de playa destrozados tras cada temporal; recalificaciones imposibles… son algunas de las huellas de la especulación inmobiliaria en nuestro país. Una especulación de raíces profundas y tentáculos alargados que van más allá del ladrillo.
Las 500 páginas de Playa Burbuja son una máquina del tiempo que nos lleva al régimen franquista, el origen de todo; a Marbella, la “zona cero” de la especulación inmobiliaria en España, a Jesús Gil y a la Operación Malaya. Viajamos también a Almería, donde el entramado burocrático, político y judicial es tan intrincado que hay que apoyarse en esquemas cronológicos para poder seguirlo.
Recordamos el accidente nuclear de Palomares y, más allá de la mítica fotografía de Fraga bañándose en la playa, profundizamos en cómo el Gobierno español se limitó a “enterrar” —literalmente— el problema. Nos remontamos al siglo XIX para seguir el hilo de la historia minera que lleva hasta el desastre de la bahía de Portmán, la mayor catástrofe ecológica del Mediterráneo.
Nos detenemos en La Manga del Mar Menor, en sus anales de “caciquismo, lazos con el régimen franquista, tráfico de influencias y prevaricación” que explican las “aberraciones urbanísticas” que encontramos hoy; y también en la “sopa verde” del Mar Menor. Tudela y Delgado nos llevan a Benidorm, a Terra Mítica, a la comarca de Marina Alta y a Marina d’Or, a la encarnación de los años de la burbuja.
Si por algo se caracteriza Datadista es por desarrollar investigaciones de profundidad, elaboradas a partir de un trabajo de documentación exhaustiva y minuciosa. Y, lo que es igual de importante, por saber traducir esas ingentes cantidades de información, legislación, sentencias y archivos de datos en relatos periodísticos y narrativas atractivas. Todo ello, además, sin perder de vista algo fundamental de la buena labor periodística: hablar con la gente, dar voz a sus historias, pisar el terreno.
“El ladrillo no ha aprendido la lección”
Cuando apenas acababa de cumplirse un año de la tragedia de la dana de Valencia, temporales y borrascas volvieron a azotar la Península, y las imágenes de inundaciones, riadas y rescates de Protección Civil nos volvieron a todos a la mente. Se habló mucho entonces sobre las edificaciones en terrenos inundables, se publicaron numerosos mapas interactivos sobre viviendas construidas en zonas de riesgo. Miramos atrás y nos echamos las manos a la cabeza al ver las barbaridades urbanísticas que se permitieron en otras épocas.
Podría parecer que hemos aprendido la lección, que nunca más se volverá a pensar siquiera en poner un ladrillo sobre una zona inundable. Pero entonces vemos noticias como que el Ayuntamiento de Sevilla presenta “uno de los desarrollos urbanísticos más ambiciosos de Europa y mayores que se han hecho en Andalucía”, y es imposible no echarse a temblar. Leemos, además, que dicho proyecto contempla la construcción de 24.000 viviendas sobre la Laguna del Sapo y un humedal único en Sevilla —que la plataforma ecologista SAVE pelea por proteger desde 2023—, y resurgen los peores fantasmas del ladrillazo.
Y comprobamos que la conclusión que cierra Playa Burbuja es tan pesimista como certera: “España, donde se llegaron a iniciar 760.200 viviendas en un año cuando nunca se vendieron en un ejercicio más de 415.000 nuevas, celebra que las grúas han vuelto al horizonte. Superar en 2017 los 80 millones de visitantes extranjeros no ha servido para plantearse dónde está el límite sino para preguntarse cómo mantener el crecimiento (…). Este país se despierta del coma dispuesto a seguir creciendo a base de comer costa. No hay plan B. Nos vemos en la próxima”.






