Las recién celebradas elecciones autonómicas en Aragón han dado el pistoletazo de salida a un 2026 que será política y electoralmente muy intenso. Entre las comunidades que tendrán cita con las urnas en los próximos meses se encuentra Andalucía. Una Andalucía en la que el Partido Popular de Juanma Moreno gobierna holgadamente con mayoría absoluta. En este contexto, el Partido Socialista siguió el “modelo Illa” y apostó por María Jesús Montero para tratar de torcer el brazo de Moreno y recuperar uno de sus feudos históricos.
Pero aunque la sevillana lleva un año al frente del PSOE-A, su papel como líder de la oposición es inexistente. Montero compagina ser la candidata andaluza con su posición como vicesecretaria general del PSOE —la número dos a nivel estatal—, como vicepresidenta primera del Gobierno y como ministra de Hacienda. Y no sólo eso: gestiona una de las carteras más complejas y delicadas para el gobierno de Pedro Sánchez: la de Hacienda, con el consiguiente desgaste.
Misión: reflotar el PSOE-A
Montero lidera el PSOE en Andalucía desde enero del año pasado, en sustitución de un Juan Espadas que no supo solucionar ni uno solo de los problemas que arrastraba el partido tras la pérdida del gobierno en 2018 y la caída de Susana Díaz. En junio de 2025 fue la única candidata a las elecciones previstas para la primavera del año siguiente.
Este movimiento estuvo motivado por los rumores de un posible adelanto electoral. Era una opción más que plausible, con un Juanma Moreno arrollador en las encuestas que gobernaba con mayoría absoluta tras la victoria histórica obtenida en 2022. Pero la crisis de los cribados de cáncer de mama detonó esta posibilidad, manteniendo las elecciones según su calendario original, en junio de 2026.
La candidata andaluza es también vicesecretaria general del PSOE, vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda.
Sin embargo, pese a estos meses de margen y a estar pleno año electoral, Montero no está llevando su agenda a Andalucía. Mientras que el resto de candidatos se baten en la arena andaluza, la candidata socialista sigue de guardiana de un Pedro Sánchez con cada vez más frentes abiertos. Entre ellos, el de la financiación autonómica, que la ministra de Hacienda se ha propuso cerrar antes de regresar a su tierra, pese a que es cuestionable que esto le otorgue de popularidad en Andalucía
La ausencia de liderazgo socialista en Andalucía se nota en las encuestas. Los datos del ‘CIS andaluz’ muestran que apenas el 20% de los andaluces prefieren a María Jesús Montero al frente de San Telmo. De hecho, ha perdido dos puntos en tan sólo seis meses, como se puede ver en el siguiente gráfico. Y no sólo eso: en ese periodo, la líder socialista no ha atraído ni capitalizado el desplome del presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, que pasó de un casi 50% a un 33%, según los barómetros del CENTRA.
Candidata de fin de semana
María Jesús Montero no compite en igualdad de condiciones. Es imposible que esto ocurra, pues sus responsabilidades como vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda la mantienen atada a Madrid. Mientras tanto, los socialistas andaluces se mueven para atacar a Moreno y allanar el camino a su candidata, para cuando esta decida dejar su cartera ministerial y centrarse en la campaña.
La líder socialista visita Andalucía cuando puede. Básicamente, los fines de semana. Entre septiembre y octubre del año pasado sumó una decena de apariciones —entre reuniones del PSOE, actos públicos y una entrega de llaves de viviendas en ‘alquiler sostenible’—, por lo general planificadas de viernes a domingo. Ni siquiera la crisis de los cribados hizo que Montero aumentara estratégicamente su presencia sobre el terreno. No es de extrañar que desde el PP le hayan acusado de defender Andalucía “solo los fines de semana”.
Entre septiembre y octubre Montero sumó una decena de apariciones en Andalucía, concentradas generalmente de viernes a domingo.
Esto se traduce en que Montero no sólo llega más tarde que el resto de candidatos a los debates, sino que no puede confrontar directamente con su principal rival, el presidente Moreno Bonilla. También, en que la líder socialista sólo participa en los temas andaluces de mayor calado, quedando desaparecida de las cuestiones del día a día.
De los cribados a Adamuz: papel secundario en las crisis
La crisis de los cribados de cáncer de mama fue un punto de inflexión en el gobierno popular. Y, aunque Montero se pronunció al respecto desde el Congreso de los Diputados, no se anotó este tanto. La candidata andaluza se reunió con la Asociación AMAMA, pero no lo hizo hasta el 11 de noviembre, más de un mes después del estallido del escándalo. En su lugar, lideró la ofensiva contra Moreno Bonilla la portavoz socialista en el Parlamento andaluz, María Márquez. Sin embargo, Márquez no es la candidata a la presidencia de la Junta, por lo que no capitaliza los frutos de este debate.
Quien sí supo aprovechar la ocasión fue el portavoz de Adelante Andalucía, José Ignacio García. García se benefició de ser el único candidato de izquierdas que es también portavoz parlamentario: Antonio Maíllo (Por Andalucía) no está en el Parlamento, y Juan Antonio Delgado (Podemos) es diputado pero no portavoz.
Ni siquiera la crisis de los cribados hizo que Montero aumentara estratégicamente su presencia sobre el terreno.
Más recientemente, la tragedia del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) volvió a poner de manifiesto la escasa presencia de la líder de la oposición en Andalucía. El papel de Montero en Adamuz fue secundario, acompañando al presidente Pedro Sánchez, a los Reyes de España, y asistiendo al funeral por las víctimas.
Por su parte, el tono moderado, conciliador y constructivo de Moreno Bonilla durante la gestión de la crisis le posicionó con una muy buena imagen. Una encuesta realizada por 40dB. para El País preguntó por la labor de los distintos dirigentes políticos, y el presidente andaluz fue el único en obtener más respuestas positivas que negativas. El 37% de los encuestados calificó la respuesta del presidente andaluz como “buena” o “muy buena”, frente a un 26% de la población general que la consideró “mala o muy mala”.
El debate de la financiación autonómica
El de la financiación autonómica ha sido uno de los debates más encendidos en los últimos meses, y el PP andaluz se ha cebado con la ministra a cuenta de este tema. No podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que, cuando era consejera de la Junta, la ahora ministra de Hacienda se mostró en contra de la ordinalidad (el principio que rige que las comunidades autónomas reciban financiación según lo que aporten a las arcas del Estado) en beneficio de la solidaridad interterritorial.
El nuevo modelo de financiación autonómica presentado este enero ha generado el rechazo de todas las comunidades autónomas (excepto Cataluña), al considerar que el principio de ordinalidad genera desigualdades entre los territorios. Pero la ordinalidad se ha mantenido en Cataluña, en lo que fue una concesión política para sumar los apoyos necesarios. Montero y su gobierno pensaron ‘vencer’ en este debate haciendo que la tarta fuera más grande, pero no parece que lo haya logrado. En cuanto a la percepción de la ciudadanía, la de Hacienda es una de las ministras peor valoradas, según el CIS, junto a Óscar Puente o Fernando Grande-Marlaska.
Una comunicación que no está a la altura
Las tablas de la líder socialista son indiscutibles. Montero pudo practicar y pulir su oratoria durante los sucesivos puestos que tuvo en la Administración andaluza bajo los mandatos de Chaves, Griñán y Díaz, como diputada y como consejera de Sanidad y Consumo, primero, y de Hacienda y Administraciones Públicas, después. No rehúye al debate, al revés: tiene la capacidad de elevar el listón en una confrontación y salir indemne.
Sus carencias van por otro lado. Como muestra el gráfico anterior, María Jesús Montero es una de las ministras que más sufre el desgaste del Gobierno. Las críticas al Ejecutivo de Sánchez hacen mella en su imagen. En la mochila carga con varios años de gobierno y una sucesión de polémicas (casos de corrupción y de acoso sexual en el PSOE, los problemas de las infraestructuras de la red ferroviaria, la financiación autonómica, la relación con los partidos nacionalistas catalanes y vascos…), que son una piedra en el camino para la candidata andaluza, cuya figura debería inspirar más elementos positivos que negativos.
Montero no cuida su imagen en sus redes, que solo albergan refritos de intervenciones en el Congreso o en ruedas de prensa.
No es la favorita de la prensa tradicional, a juzgar por los artículos, columnas y comentarios en radio y televisión. Tampoco, la mejor posicionada en las encuestas. La comunicación que ella controla, la de su perfil personal, es muy mejorable: Montero no cuida su presencia en el entorno digital.
La ministra no tiene ni un solo contenido creado para redes sociales. Es decir, no aparece hablando a cámara dirigiendo sus mensajes directamente al público que hay tras los móviles, como hacen la mayoría de políticos. Sus redes solo albergan refritos de intervenciones en el Congreso o en ruedas de prensa, nada más. Con una cuenta de Instagram y otra de Facebook se puede llegar al 99% de los teléfonos de España, pero Montero tiene ambas redes al nivel de un concejal de pueblo. Cuenta con muy pocos seguidores (algo más de 20 mil en ambas), pocas interacciones y muy poco impacto.
Ver esta publicación en Instagram
Muestra de esta dejadez es que en su página de Facebook (la red social favorita de los mayores de 55) tiene enlazadas cuentas erróneas de sus otras redes sociales (con nombres aparentemente antiguos). No parece importarle, tampoco, tener un TikTok abandonado a su suerte (mil seguidores e irrelevante). Una cuenta que nadie puede garantizar que sea oficial por lo poco profesional que parece pero que, a juzgar por los contenidos (sube lo mismo en todas las aplicaciones), se deduce que es la suya. Impropio de una ministra, vicepresidenta y, sobre todo, candidata en los tiempos modernos.






